diumenge, 8 de març del 2009

Punto primero: el asalto.


"Muy agradecida", éstas eran las únicas palabras que salían de mi boca cuando pensaba en ese médico, ese estúpido y ambicioso médico que semanas atrás había visitado aquella casa.

Maldito estúpido. Y pretencioso, además. Sabía que él había tenido que ver, sino, ¿por qué se habría llevado aquel amasijo de papeles?
Maldita sea, maldito médico, maldito malnacido.
Madre mía, cuanta palabrería insana, pero cuanta rabia.


¿Dónde están las llaves?
Mierda, mierda, mierda, no las encuentro.
Mierda y más mierda.
Estoy cabreada, no sabe nadie cuánto. Nadie lo sabe. Créeme, nadie podría saberlo.
Tenía ganas de matarlo, sí, a él. Bueno, en realidad, a todos, todos y cada uno.
Joder, hasta las narices, lo mataré. Por lo que más quiera quien sea, lo haré.

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